El ejercicio físico o actividad física es una herramienta que últimamente ha cobrado un protagonismo mayor como medida sobre la que basar las soluciones a nuestros problemas físicos, nuestros dolores o nuestras molestias. Esto es debido a que sus efectos llegan mucho más lejos de lo que nos cuenta el sentido común y lo que conocemos popularmente; por ejemplo, es ampliamente sabido que al ejercitarnos estamos combatiendo al sobrepeso, las enfermedades cardiovasculares como la diabetes, o favoreciendo un mejor estado de ánimo. 

Pero podemos ir más allá, el ejercicio físico puede tener también un papel notable en el dolor que sentimos, sea agudo o crónico, independientemente de ser por causa de una articulación concreta. Es beneficioso para nuestro sueño, nuestras digestiones y para evitar problemas de otra índole como es la depresión.

Con este artículo, nos gustaría hacer una revisión de la repercusión del ejercicio físico en nuestro cuerpo. Para empezar, es importante saber que el ejercicio se puede dividir en varios grupos según sus características:

  • El ejercicio aeróbico o de resistencia, caracterizado por implicar al aparato vascular y pulmonar; la primera imagen que se nos viene a la cabeza es la de los runners en el parque. Es un trabajo que involucra a todo el cuerpo, aunque a unos grupos musculares más que a otros, generando efectos beneficiosos a nivel cardiovascular. 

Se pueden clasificar, según su intensidad, en ejercicio ligero, moderado o intenso. La manera de acotar cada tipo sería en base a la frecuencia cardíaca y el volumen de oxígeno. Por lo tanto, la percepción -subjetiva y del propio cuerpo- de intensidad es individual a cada uno.

  • El ejercicio de fortalecimiento consiste en trabajar un músculo o grupo/s muscular/es de manera que generemos un efecto de tonificación o hipertrofia en ellos, es decir, un aumento de la fuerza que pueden desempeñar. Levantar pesas sería el ejemplo más simbólico de este tipo de práctica.
  • El ejercicio terapéutico puede ser cualquiera de los dos tipos de ejercicio previos, o la mezcla de ambos. El objetivo recae en el beneficio que se quiere generar: desarrollar la fuerza necesaria para superar una patología (en el caso del ejercicio aeróbico pondría el foco sobre el sistema cardiovascular, como después de un infarto agudo de miocardio), así como la carga de trabajo individualizada necesaria para recuperar una articulación, músculo o cuadro patológico que presente un paciente.

No hay un ejercicio perfecto y útil para cada persona; cada uno de nosotros tiene unas características concretas, sufre diferentes lesiones o patologías y requiere de determinadas excepciones, donde la supervisión de un profesional (sea fisioterapeuta o entrenador) puede entrar en juego

Dependiendo de cada objetivo, se marcarían ciertas pautas: el ejercicio terapéutico sería distinto en las primeras etapas de una lesión (una fractura. una rotura fibrilar, un esguince…), es decir en la fase aguda, que en la fase de recuperación y adaptación a la actividad normal.

Una posible receta acertada, y más o menos transversal, y que además es adaptada a todos los tipos de ejercicio en cierta medida, cuyo compendio debe alcanzar (al menos teóricamente), las 3 sesiones semanales de actividad física.

IÑAKI RAWINAD ALBIZUA

Nº colegiado 011365

2020-04-20T10:43:51+01:00